Despois da delirante RdP de onte de Flo, vamos cunha serie do tema nas redes. Comenzamos con algo que decía Javicrossman fai uns días como introducción. Continurá.....
Javicrossman
@Javicrossman
Mi visión del estado del Real Madrid :
El Real Madrid moderno no se entiende sin Florentino Pérez. Su gestión ha convertido al club en una potencia global de la industria deportiva.
Sin embargo, esa excelencia ejecutiva convive siempre con déficits de planificación deportiva alarmantes.
El éxito en el balance de situación no siempre se traduce en un proyecto deportivo coherente.
La tesis de Floren es clara: él es un ejecutivo brillante que ha trasladado el modelo de la gran empresa al club. En este esquema, el entrenador no es el arquitecto del proyecto, sino un mando intermedio encargado de ejecutar la visión del CEO. Es decir, SU visión.
Esta visión germinó en su primera etapa. El despido de Vicente del Bosque en 2003, tras ganar la Liga y con dos Champions en el haber, fue el pecado original.
Se imputó a Del Bosque la responsabilidad de los caprichos de vestuario y de un plantilla desequilibrada.
Floper impuso el modelo de "Zidanes y Pavones". Un éxito de marketing, pero un fracaso de estructura.
Infravaloró al máximo el rol del técnico y la intendencia del campo. El proyecto colapsó en 2006. La dimisión de entonces pareció una lección aprendida, pero el fondo permanece.
En su segunda etapa, el club ha vivido ciclos de éxito extraordinarios, pero a menudo marcados por la individualidad y la mística más que por una planificación técnica a largo plazo.
La figura del entrenador sigue siendo, para la presidencia, un elemento consumible.
El caso de Zidane es el más revelador. Para Florentino, ZZ nunca fue un entrenador, sino una figura simbólica de su proyecto.
La gran suerte de Floren y, sobre todo, del club fue que el símbolo resultó ser un líder y estratega excepcional.
Pese a sus éxitos, el modelo Floper acabó minusvalorando a ZZ.
La excesiva relevancia dada desde el palco a figuras como Pintus, por encima de la autoridad del técnico, fue el síntoma de un sistema que no admite la autonomía profesional del banquillo.
Zidane salió quemado en 2021 porque, a diferencia del palco, él sí detectaba los desequilibrios de una plantilla agotada. Su salida denunciando falta de apoyo institucional confirmó que, en este Madrid, ni siquiera la mística de una leyenda pesa más que el hiperpresidencialismo.
La relación con Carletto refuerza esta teoría. Despedido en 2015 sin causas mayores y mantenido en la cuerda floja en su segunda etapa, Carletto representa como nadie esa figura de gestor ideal que Florentino utiliza pero no termina de empoderar totalmente.
La reticencia a perfiles como el de Xabi Alonso sugiere un claro temor al "entrenador de autor". El presidente prefiere gestores de egos que no cuestionen la política de fichajes del palco, evitando compartir el protagonismo del éxito deportivo.
El resultado es una paradoja: el Real Madrid es una empresa impecable con una salud financiera envidiable, pero vive en una fragilidad deportiva cíclica. Cuando el talento individual no basta, el sistema se resiente por la falta de una dirección técnica autónoma.
Ese hiperpresidencialismo se retroalimenta mediante la promoción de perfiles como Solari o Arbeloa. Su ascenso en la estructura del club responde más a un alineamiento incondicional con la gestión del palco que a cualidades técnicas.
En conclusión: Floren ha construido una excelente empresa, pero como club de fútbol, deja un modelo donde el banquillo es una silla eléctrica, la planificación técnica es secundaria y el éxito siempre estará supeditado a su visión del ejecutivo.
Anteriormente:

No hay comentarios:
Publicar un comentario